jueves, 14 de febrero de 2019

LOVE TIL DEATH!




         Joaquín trabajaba como ayudante en el servicio médico forense de la ciudad. Su familia y amigos se asombraban del tipo de empleo que había conseguido el muchacho de veinticinco años, por lo que lo hacían objeto de sus burlas e incluso habían comenzado a llamarlo “el ángel de la muerte”; sin embargo, en el fondo dichas bromas solo eran producto del natural temor que todos los seres sienten ante la muerte, por lo que secretamente admiraban al joven. Por su parte, Joaquín simplemente les decía que era el mejor empleo del mundo, ya que era tan bueno en su trabajo de tal manera que “los clientes jamás se quejaban”.
         Lo que nadie sabía era que Joaquín secretamente amaba a la muerte; a pesar de que familia y amigos lo consideraban una persona normal, tranquila e incluso extremadamente romántica, Joaquín vivía fascinado con la muerte y todo lo que le rodeaba por lo que se consideraba afortunado de haber encontrado el trabajo de sus sueños. A pesar de que sus escasas labores consistían en transportar los cadáveres de una sala a otra, lavar la plancha donde se practicaban las autopsias y llevar muestras de tejidos hacia los laboratorios, amaba su trabajo, principalmente porque le dejaba mucho tiempo libre el cual de manera discreta ocupaba visitando el depósito de cadáveres; le encantaba sacar un cuerpo de su gaveta, quitarle la sábana y contemplarlo por largo rato, incluso por horas; se maravillaba de la quietud que los cuerpos inertes mostraban, la palidez macabra de su figura y principalmente, la paz que mostraban sus caras inmóviles.
         Incluso, en muchas ocasiones se atrevió a tomarles fotos con su celular; llegó a comprarse un aparato el cual, aun cuando no tenía las características que buscan los jóvenes al comprar un dispositivo electrónico, sí contaba con el mejor modelo de cámara de alta resolución que le servía muy bien para sus propósitos. Joaquín no veía a los muertos con el morbo propio de las demás personas ya que de hecho, no le interesaban los cadáveres que llegaban hechos trizas como producto de un accidente automovilístico o un asesinato; no, lo que le llamaba la atención era la sobrenatural quietud que mostraban los cuerpos de personas que habían fallecido de forma natural, ya sea por vejez o por enfermedades. Jamás subió sus fotos a su cuenta de Facebook ni las presumió entre sus amigos o conocidos, pues lo consideraba de mal gusto y una falta de respeto a los fallecidos. En realidad, la colección de imágenes eran para su gusto personal, si es que se le puede llamar gusto a ver a los muertos, por lo que todas las noches cuando llegaba a su casa, bajaba las fotos a su computadora y se pasaba largas horas repasando cada una de las imágenes, viéndolas hasta que casi se las aprendía de memoria, incluyendo hasta los últimos detalles.
         Contemplaba su personal tesoro, imaginando como habrían sido en vida las personas de las cuales ahora observaba su cuerpo inerte; si serían individuos tristes, melancólicos, de carácter amargado o incluso, si habían sido felices en vida. Llegó un tiempo en que por la pura expresión de sus caras inmóviles, creyó poder adivinar todo el trayecto de su vida en la tierra de los vivos.
         Si, Joaquín amaba a la muerte.
         Sin embargo, a pesar de disfrutar de su secreta y misteriosa afición últimamente se sentía inquieto, pues se daba cuenta que ya no le atraían demasiado las últimas fotos que había incorporado a sus archivos; era como si poseyera un rompecabezas al cual le hace falta la pieza más importante. Pensaba que tal vez necesitaba algo más que pudiera darle una cierta paz y satisfacción a su extraña alma. Llegó a la conclusión de que ya lo había visto todo por lo que necesitaba dar el siguiente paso; buscó en los avisos laborales de los sitios webs de ofertas de trabajo, pues ahora buscaba trabajar en una funeraria pues tenía la esperanza de que era mejor llegar a ser un restaurador de cadáveres pues se sabía con el talento suficiente como para poder llevar a cabo el trabajo de manera satisfactoria. Sabía, por personas que conocía del medio en el que se desenvolvía, que necesitaba tomar un curso para aprender a maquillar cadáveres, pero confiaba en él mismo, pues le habían contado de varias personas que aprendieron sobre la marcha el oficio y que ahora eran de los mejores en el ramo, así que solo era cuestión de esperar la oportunidad correcta.
         Hasta que todo eso cambió.

         Antes de llegar a su turno por la mañana, fue informado que había llegado un nuevo “inquilino”; una joven de aproximadamente 18 años, que estuvo encamada durante una semana en un hospital debido a una afección cardíaca y que había fallecido en el transcurso de la mañana. El jefe de Joaquín le comento distraídamente que dado que sabían cuál era su enfermedad no le practicarían la necropsia de ley y que como nadie había visitado a la joven mujer mientras estuvo enferma, de un momento a otro la llevarían a la fosa común, que es donde terminan los cadáveres de personas no reclamados.
         Joaquín, quien estaba acostumbrado a ver en su mayoría cuerpos de personas adultas, principalmente ancianos, pensó que era un buen cambio ver a alguien joven para variar por lo que en la tarde, después de terminar sus  acostumbradas labores se dirigió a su refugio privado: el depósito de cadáveres.
         Nada de lo que había visto el joven lo preparó para la experiencia que vivió en esta ocasión, ya que desde que jaló la manija de la gaveta, sintió una emoción hasta ahora desconocida, sensación que iba creciendo dentro de él al saborear de antemano lo que iba él pensaba que iba a encontrar, pero inmediatamente se dio cuenta que a veces la realidad supera la fantasía.
Cuando posó su mirada en el cuerpo inmóvil frente a él se encontró con la mujer más hermosa que jamás hubiera visto en su corta vida; una piel tan blanca como la leche y no precisamente de la palidez propia de los muertos; la blancura era tal que incluso llegaba mostrar los hilos de las venas las cuales, a pesar de ya no transportar sangre, se notaban a lo largo y ancho de su epidermis, la que era adornaba con unas curvas sensuales y voluptuosas y un pelo rubio casi cenizo. Tenía pómulos que apenas sobresalían de su rostro; nariz delgada, cejas abundantes del mismo color del cabello y unos labios ligeramente gruesos, de un color tan rojo que ni siquiera la muerte se había atrevido a arrebatar. El joven enfermero no pudo resistir la tentación y levantó un párpado que se hallaba adornado de las pestañas más largas que él había tenido el privilegio de conocer, para encontrarse con unos ojos más azules que el mar. A pesar de la falta de vida del cuerpo, el joven sintió como si el cadáver lo observara fijamente con una cálida mirada que le llegó hasta su alma.
         Joaquín acababa de conocer el amor.
         Contempló el cadáver por largas horas que él sintió como si fueran días, años e incluso la eternidad; no se dio cuenta cuando sonó el timbre de salida ni mucho menos cuando entró su jefe, quien le dijo de manera triste: “Era hermosa ¿Verdad?, lástima que una chica tan bonita haya fallecido de forma tan prematura” y filosofando, el galeno comentó: “Estoy seguro que ni siquiera conoció el amor”.
         Esto último le partió el corazón al joven.
         El doctor le encargó a Joaquín que cerrara puertas y ventanas antes de irse a casa, a lo que el joven contestó de forma ausente, y cuando su jefe se fue, todavía se quedó algunos minutos admirando el cuerpo femenino, pero ahora ya no con embelesamiento sino con rabia; por primera vez reflexionó enojado acerca de la muerte; la que anteriormente consideraba como una adorada deidad, ahora era blanco de su reclamo pues no era justo que se hubiera llevado a un ser tan hermoso y tan puro y principalmente, le enfurecía que una persona que jamás hubiera experimentado el amor, ahora ya no tenía ninguna oportunidad de hacerlo.
         Pero Joaquín no estaba dispuesto a permitirlo; iba a desafiar a todo y a todos para lograr que su adorado cadáver conociera el amor como ahora él ya lo hacía.
         No le costó trabajo falsificar documentos oficiales y firmas para poder sacar el cuerpo de su amada de la morgue; lo metió en la camioneta destinada al traslado de cadáveres y lo llevó directamente a su casa; dado que vivía solo, esto no tuvo ninguna complicación. Cuando llegó a su hogar, pensó que su futura novia, de quien ahora se dirigía con el nombre de Mary ya había estado demasiado tiempo acostada en el frio metal de la gaveta del hospital, por lo que la depositó suavemente sobre su cama para cubrirla amorosamente con las frazadas; como no la conoció en vida, no sabía si le asustaba la oscuridad, por lo que decidió dejar encendida  la lámpara que se encontraba en su buro al lado del lecho y se fue a acostar en el sofá de su pequeña sala.
         Después de una noche durante la cual casi no pudo dormir por todos los planes que había hecho para él y Mary se levantó alegremente, y dado que era su día de descanso, comenzó a llevar a cabo sus tareas.
         Primero fue a una tienda de ropa femenina para comprar un sinfín de ropa, desde zapatos, ropa interior de suave encaje e incluso, un pequeño sombrero de color morado que encontró en una esquina del establecimiento. Mary merecía lo mejor, por lo que no escatimó en gastos para adquirir un ligero vestido blanco a las rodillas, adornado con flores amarillas; le compró pulseras, un collar y un juego de maquillaje para resaltar su belleza no tocada por la muerte así como un perfume floral que encontró después de oler cientos de ellos para disgusto de la vendedora.
         El perfume se llamaba “La Mort De L’amour.
         El regalo perfecto.

         Una vez que terminó sus compras, regresó a su casa para vestir el cadáver de su dama y maquillarlo adecuadamente; inmediatamente después lo acostó en el sofá, mientras él se sentaba a su lado, recargando la cabeza de su chica sobre sus piernas, pensando en el siguiente paso a seguir. Afinaba detalles de su plan mientras acariciaba el sedoso cabello de Mary y sus fosas nasales se inundaban del tenue aroma de su recién comprado perfume hasta que llegó la noche, sin que el joven enamorado se moviera siquiera para levantarse a comer.
         Al llegar casi la media noche, cargó el cuerpo de Mary y nuevamente lo depositó en su cama para darle un suave beso en la fría frente y salió de la habitación con una sonrisa en la cara para dormir una vez más en su sofá; no le molestaba la dureza del mueble ya que sabía que cuando su amada volviera a la vida, ambos podrían compartir su cama, como lo hacen todas las parejas de enamorados.
         Al día siguiente, en cuanto dieron las diez de la mañana se dirigió a una tienda de artículos esotéricos que conocía de antaño, pues se encontraba de camino a su empleo al cual no se molestó en presentarse, ya que tenía cosas mucho más importantes que hacer que un simple trabajo. Compró todos los libros que encontró que hablaban de muerte, resurrección y conjuros extraños y a pesar de que estuvo interrogando al encargado acerca de cómo volver a la vida a una persona después de la muerte, éste solo se limitó a recomendarle amuletos de los materiales más diversos viéndolo de manera extraña, mientras el joven pagaba el exorbitante precio de los productos sin siquiera pestañear.
         El chico regresó a su casa cargado de libros e ilusiones; empleó todo el día para estudiar la literatura conseguida hasta que encontró lo que él creyó era la respuesta adecuada a su búsqueda; sonrió feliz de haberlo hecho por lo que finalmente se permitió probar bocado; dado que era un día especial, se dedicó a cocinar un platillo laborioso, recomendado para ser degustado en una cita romántica. Cuando terminó de preparar los alimentos, fue a su habitación para ponerse su mejor traje y corrió por Mary, la cargó entre sus amorosos brazos y lo depositó suavemente en la silla de su sencillo comedor; intentó acomodarla de tal manera que la cara de la chica muerta se quedara fija frente a él. Se sentó del otro lado de la mesa y se dispuso a servir; una vez que hubo acabado, puso música romántica y comenzó a comer, mientras le platicaba a su amada la historia de su vida, de tal manera que cuando comentaba alguna anécdota chusca, creía ver que la cara inerte de Mary le sonreía como si disfrutara los chistes de su pareja.
         Casi a la once de la noche, retocó el maquillaje del amor de su vida, le arregló las pequeñas arrugas de su vestido y la metió en una bolsa de cadáveres que selló con cinta adhesiva, ya que el cuerpo comenzaba a oler mal, por lo que para disimular el hedor, la bañó prácticamente con perfume y se dirigió al cementerio de la localidad. Cuando llegó al camposanto, abrió la reja lateral la cual, debido a su trabajo en la morque sabía que siempre se encontraba abierta y cargando a su querida Mary se dirigió caminando entre los sepulcros hasta llegar al fondo del panteón donde se encontraba la fosa común, pues sabía que siempre había una tumba abierta debido a la cantidad de cuerpos sin reclamar que llegaban. Recordando el rito que se había aprendido de memoria, sacó el cuerpo de Mary de la bolsa y lo posó delicadamente dentro de la tumba vacía poniéndole el coqueto sombrero, para acompañarlo con los más variados objetos; desde una cabeza de chivo hasta unos polvos de extraña y repugnante apariencia.
         Una vez que todo estuvo listo, sacó un cuchillo ceremonial y se hizo una pequeña cortada en el dedo, dejando que unas ligeras gotas de sangre cayeran en la frente de su amada, después de lo cual comenzó a recitar el conjuro aprendido del libro comprado, invocando a una deidad del centro de África quien, en palabras del encargado de la tienda esotérica, tenía el poder de regresar de la muerte a cualquier humano; realizó el rito mientras se escuchaban a lo lejos las campanadas de la media noche que sonaban de la lejana iglesia del barrio.
         Joaquín rodeaba la tumba mientras seguía rezando casi a gritos, haciendo extrañas movimientos mientras sentía como le escurría el sudor por su espalda, presa de un gran frenesí. Estuvo invocando espíritus durante casi una hora hasta que poco a poco sus movimientos se fueron haciendo más y más lentos, mientras que los cánticos que salían de su voz se iban apagando y una tristeza infinita se iba apoderando de su alma, al darse cuenta de que el conjuro no daba resultado. Finalmente cayó de rodillas frente a la tumba y comenzó a llorar; primero suavemente y después de forma desgarradora sin poder entender la complejidad del mundo; no era posible que cuando había encontrado al amor de su vida, había sido demasiado tarde y se enfurecía con la muerte por haberle arrebatado la oportunidad de experimentar lo que sueñan todos los seres humanos: encontrar a alguien a quien amar.
         Maldijo mil veces a su misteriosa y fiel compañera la muerte pues sentía que le había fallado; el joven siempre la había respetado y admirado, por lo que consideraba como una traición que ahora no quisiera apiadarse de él dándole lo que ahora él más quería: la vida de Mary. Pensaba que la misma muerte estaba celosa de que él hubiera encontrado a una compañera para toda la vida. Volteó a ver a ésta y contempló con asombro la mirada triste que le dirigía el cadáver pues los ojos se le habían abierto, como una reacción natural de un cuerpo sin vida; pensó que ella también sufría al sentir el amor del joven por lo que también estaba ansiosa por reunirse con su amante.
         Joaquín jamás se sintió tan solo que en ese momento; tal parecía que la muerte se burlaba del amor de ambos, pues no los dejaba reunirse.
         Cayó de rodillas y comenzó a enterrar el cuchillo con rabia entre la tierra, mientras lanzaba maldiciones hacia todo el mundo, desahogándose con los desgarradores gritos que lanzaba al solitario viento.
         De repente se hizo la luz en su cerebro.
         Sintió como si la misma muerte se apiadara de ellos y le susurrara al joven al oído la respuesta a sus plegarias.
         Joaquín comenzó a reír alegremente, pues ya sabía lo que tenía que hacer.
Después de todo, la muerte no le había fallado, como jamás lo hizo; ahora sabía cómo podían él y su amada estar juntos.
         Juntos para toda la eternidad.

         Al otro día, cuando el velador del cementerio llegó y comenzó a revisar el terreno, se encontró con el cadáver putrefacto de una hermosa mujer, el cual era abrazado por un joven, quien tenía las venas de las muñecas cortadas.

viernes, 1 de febrero de 2019

PACTO CON EL DIABLO



         Víctor vivía en un pequeño pueblo perdido en la sierra del sur de México, lugar que lo único que ofrecía a sus habitantes era un calor sofocante y una extrema miseria; la mayoría de los pobladores habían huido hacia Estados Unidos en busca de una mejor suerte mientras que los que se quedaron se resignaban a su triste destino, sacando una irrisoria ganancia de lo que podían sembrar en sus tierras.
         El joven de no más de veinte años no estaba de acuerdo con ninguna de las dos opciones y más tonando en cuenta que no tenía una educación formal, pues con trabajos había ido un par de años a la escuela; debido a lo anterior, decidió irse por el camino rápido.
Como todo añejo poblado, su lugar de residencia contaba con sus propias historias, basadas en la ignorancia y las antiguas creencias que les daban un aire todavía más misterioso a dichos relatos y mitos.
         Se decía que en las faldas de un enorme cerro que se hallaba a las afueras del pueblo había una cueva donde se aparecía el Diablo, quien estaba dispuesto a darle cualquier cosa que pidiera el atrevido que se arriesgara a pasar toda la noche dentro de dicha caverna. No se conocía a nadie de primera mano que lo hubiera logrado; solo se escuchaban viejos relatos de parientes de amigos que lo habían intentado y a quienes jamás se les volvió a ver en el pueblo. Dentro de lo anterior, se contaba que había un anciano que vivía a las afueras del poblado que lo había intentado en su juventud pero que fue encontrado dos semanas después del inicio de su aventura deambulando por los solitarios parajes de las cercanías al pueblo, completamente desnudo y hablando incoherencias acerca de demonios y diablos.
         A pesar de todo Víctor se armó de valor y fue a visitar al viejo a la derruida choza que habitaba y cuando lo tuvo frente a frente le preguntó:
         -Buenos días, lo vengo a ver para…-.
         El anciano, posando sus ojos llenos de completa lucidez, lo interrumpió y le dijo:
         -No hace falta que lo digas; no eres el primero que viene a preguntarme acerca de cuándo quise hacer un pacto con el Diablo-.
         -¿Entonces es cierto?-.
         El viejo suspiró y dijo:
         -Sí, pero en el fondo nadie me cree-.
         Víctor dijo gravemente:
         -Quiero ir a verlo-.
         El orate comenzó a alzar la voz y le contestó:
         -¡No sabes de qué estás hablando muchacho; te vas a meter en algo que nadie es capaz de resistir!-.
         Y añadió, con un tono cada vez más angustiado:
         -¡Me dijo cosas que ningún ser humano debería conocer; cosas horribles que estuvieron a punto de provocar que me suicidara si es que no me encuentran a tiempo los vecinos!-.
         El joven, cada vez más interesado le preguntó:
         -¿Y qué le dijo?-.
         El viejo loco abrió desmesuradamente los ojos y alejándose de Víctor, lo señaló con dedo acusador y comenzó a gritar:
         -¿Él te mandó verdad? ¿No se conformó con hacerme perder la razón y ahora viene por mí? ¿Hasta dónde tendré que ir para escapar del demonio?-.
         Y se echó a correr desesperadamente sin mirar atrás, mientras el joven lo contemplaba, completamente aterrado.
         Aun así, decidió intentarlo.
        
         Se armó de una buena dotación de velas, una raída cobija y, antes de partir, se quitó el escapulario que le habían obsequiado el día de su bautizo, del cual nunca se había separado hasta la fecha actual.
         Entró a la cueva encendiendo una de sus velas, se enredó en su cobija y esperó. Trataba de dormir pues no había otra cosa que hacer, pero cuando el sueño comenzaba a cerrar sus ojos, escuchaba unos horrendos quejidos, como lamentos de personas caídas en desgracia, almas perdidas que no encuentran el descanso eterno, mientras que unas sombras enormes adornaban las paredes del horrible lugar, danzando grotescamente al ritmo del movimiento de la luz del cirio que alumbraba débilmente como si compartiera el temor del aventurado joven.
         Por momentos pensaba en abandonar su osada misión, pero lo detenía el supuesto permio que pensaba recibir; esto es, riquezas infinitas que lo sacarían de su deprimente situación. El terror no lo abandonaba, pero pensaba resistir hasta la mañana siguiente o morir en el intento, si es que eso es lo que le esperaba al encontrarse con el Maligno; dentro de sí pensaba que no podía estar peor que la miseria en la cual vivía por lo que bien valía el riesgo que estaba corriendo en esos momentos.
         Mordía fuertemente la orilla de su cobija mientras cerraba apretadamente los ojos y cuando iban a dar las tres de la mañana sintiéndose al borde de la locura, el Señor de las Tinieblas se le apareció al joven.
         Una sombra mucho más grande y oscura que las otras se formó enfrente de él y con voz cavernosa le preguntó:
         -“Así que quieres riquezas ¿Eh Víctor?”-
         El aludido, presa de un sombro que estuvo a punto de detenerle el corazón, contestó con un hilo de voz:
         -¿Cómo es que sabes quién soy?-.
         El Demonio dijo burlonamente:
         -“Al igual que mi contrincante yo lo sé todo; lo que fue, lo que es y lo que será, así como los que fueron, los que son y los que serán”-.
         Víctor exclamó, con un tono de esperanza:
         -¿Entonces me darás lo que pido?-.
         El Diablo contestó:
         -“¡Claro!, pero yo no trabajo gratis; tienes que pagar”-.
         El joven, sintiendo como un escalofrió le subía por toda su espalda, dijo tímidamente:
         -¿Y qué es lo que quieres?-.
         La voz rió lúgubremente y dijo:
         -“Te daré toda la fortuna con la cual has soñado toda tu vida, pero dentro de seis años regresaré para llevarme el alma de la persona a quien más ames en ese preciso momento”-.
         Víctor analizó la situación pensando en las posibles consecuencias de su decisión, pero en eso se le plantó una malévola idea en su cerebro, por lo que contestó firmemente:
         -Muy bien, estoy de acuerdo-
         El Diablo solo dijo:
         -“Sea”-.
         Y soltó una espantosa carcajada provocando que el ambicioso joven perdiera el sentido.
         Cuando volvió en sí ya era de día, pues el sol mandaba tímidos rayos de luz hacia dentro de la cueva, como si el mismo astro rey tuviera miedo de meterse a los dominios del maligno; el joven inmediatamente se levantó y vio ante sí montones de costales y cuando presa de la desesperación abrió uno a uno, felizmente se dio cuenta que estaban llenos de joyas, monedas de oro y plata, así como una obscena cantidad de piedras preciosas. Estuvo a punto de brincar de gusto, pero inmediatamente se dio cuenta que le esperaba la difícil tarea de transportar su tesoro, así que fue al mercado del pueblo y con los últimos pesos que poseía, pues no quería dar muestra de su nueva fortuna, compró una gran cantidad de costales y regresó a la cueva; sabía que sus pertenencias estaban seguras, pues nadie del pueblo se atrevería a ir a donde el joven había pactado con el Diablo.  Acarreó los costales uno a uno y cuando terminó, bañado en sudor, contrató un transporte y desapareció del pueblo, donde jamás le volvieron a ver la cara.

         A partir de ese infame día, Víctor se dio la gran vida; se compró una formidable mansión en la cual casi nunca estaba pues dedicó gran parte de su tiempo a viajar por todo el mundo, conociendo lugares exóticos y gente extraña la cual a donde quiera que iba, lo recibía como el poderoso millonario en que se había convertido. Organizó incontables fiestas donde el alcohol, las drogas y mujeres sin escrúpulos era lo que más abundaba, así como vividores que al menor descuido salían del lugar con dinero y joyas robadas al rico joven pero a éste nada de eso le importaba, pues simplemente iba a sus costales y sacaba más y más dinero el cual nunca se acababa para satisfacción de Víctor.
         Entró en lo más exclusivos círculos sociales; se codeó con gente extremadamente rica como él, e incluso fue conocido dentro de la farándula, pues varias de sus novias eran conocidas actrices, atraídas por su fortuna, por lo que su cara era conocida en las secciones de vida social y de espectáculos de los  más reconocidos medios de comunicación a nivel mundial.
Nadie sabía de donde había salido el joven que derrochaba dinero a manos llenas, pero por alguna extraña razón, ninguna autoridad se interesó en investigar el origen del dinero. Tal parecía que el Diablo lo seguía protegiendo.
Así paso más de cinco años, presa de una vorágine de lujuria y excesos.
         Por las noches recordaba de la promesa que le había hecho al Diablo; sin embargo, esto no le preocupaba pues desde que salió de la cueva llevó a cabo su plan secreto con el cual pretendía engañar al demonio: jamás encariñarse con alguien. Dentro de su lógica, sabía que podía evitar el pago que en su momento exigiría el Maligno, pues al no tomarle afecto a persona alguna, sabía que llegado el momento, su acreedor no tendría manera de cobrar la deuda, por lo que el joven no sufriría pérdida alguna.
         En su pueblo de origen vivió con su padre, quien siempre fue un ebrio sujeto que cada que se emborrachaba golpeaba a Víctor, por lo que éste nunca le tuvo un ápice de amor y como no tenía más familia, no había nadie que corriera peligro.  Más adelante, ya con su fortuna en las manos, nunca dejo que nadie se le acercara por lo que jamás tejió lazos de afecto con nadie, pues en cuanto alguien le ofrecía su amistad se alejaba de esa persona; en cuanto a las mujeres con las cuales estuvo, cuando se daba cuenta que empezaba a querer a alguna, inmediatamente la abandonaba sin voltear atrás, pues sabía que le sobraban posibilidades de conseguir otra conquista sin comprometer sus sentimientos; tuvo hijos, pero con ninguno se tomó siquiera la molestia de conocerlo y lo único que hacía era mandarles una fuerte cantidad de dinero periódicamente para evitarse futuros problemas, pero eso era todo; de esta manera, no había absolutamente nadie en el mundo a quien le hubiera dado su cariño.
         Vivía sin entregarle su amor a ningún ser humano pero no le importaba pues ahora era inmensamente rico.
         Si, había engañado al Diablo.

         Cuando se cumplió el fatídico aniversario de su pacto con el engendro del mal, Víctor se retiró a su cama a descansar tranquilamente como todas las noches, pero en cuanto apagó la luz, sintió que no estaba solo; en la semioscuridad veía danzar terroríficas sombras como las que lo habían acompañado seis años atrás. Por más que intentaba dormir, el sueño no se presentaba como temiendo que esa noche ocurriría algo en lo cual no se quería involucrar.
         Cuando dieron las tres de la mañana el Diablo, fiel a su promesa se le apareció y con su horrible voz le dijo:
-“Hola Víctor, veo que te has dado la gran vida con el tesoro que te di”-.
         El joven le contestó confiadamente:
         -Así es, no me he privado de nada; después de todo para eso es el dinero ¿O no?-.
         El Demonio sonrió y se sentó tranquilamente en una silla que se hallaba al lado de la cama y habló:
         -“Si, tienes toda la razón, pero ahora ha llegado el momento de pagar”-.
         Víctor dijo muy seguro de sí mismo:
         -Pues sí, nada más que hay un pequeño problema-.
         Y sentándose en su cama, continuó:
         -En todo este tiempo jamás le entregado mi amor o mi afecto a persona alguna, así que no hay nadie a quien le puedas reclamar su alma-.
         El Diablo dijo a su vez:
-“¿Crees que no lo sé?”-.
         El joven sintió como un miedo desconocido comenzaba a subirle por su garganta y con un hilo de voz exclamó:
         -¿Y entonces?-.
         El Señor de las Tinieblas le dijo:
         -“Hay alguien a quien le has dado todo tu amor”-.
         Víctor comenzó a sudar frío y preguntó al borde de la desesperación:
         -¿A quién?-.
         El Diablo rió macabramente y le dijo:
         -“A ti mismo; has actuado de manera tan egoísta que siempre has visto por tu propio beneficio sin importarte los demás; nunca buscaste amigos para compartir tu tiempo, tu atención y tu riqueza con ellos; usaste a las mujeres para tu propia satisfacción sin pensar en sus sentimientos y tuviste hijos a los cuales has abandonado, ya que jamás te ocupaste de ellos.”-.
         Y antes de que el joven pudiera decir algo, finalizó:
         -“Tú eres la única persona a quien amas en el mundo”-.

         Víctor comenzó a lanzar alaridos de terror mientras el Diablo lo envolvía con sus llameantes brazos.


martes, 15 de enero de 2019

EL PSICÓLOGO




         Martín llevaba cinco años ejerciendo la carrera de psicología y tenía un posgrado  en atención a adolescentes con problemas emocionales cuando decidió cambiar de trabajo; pensaba en un cambio de ambiente debido a que tres meses atrás se había quedado viudo a consecuencia de un ladrón quien  entro a su casa a robar siendo descubierto por su esposa, la cual recibió un balazo en la cabeza por parte del malhechor. Después de esa desgracia, el psicólogo se cambió de casa y dejo de frecuentar a sus antiguos amigos y familia pues tenía la idea de que con su nuevo empleo podía comenzar una nueva vida.
         En la preparatoria donde había entrado a trabajar sus funciones no eran muy estresantes, ya que los alumnos que iban a consultarlo por lo regular lo hacían porque se sentían deprimidos a causa de la falta de atención de sus padres o alguna desilusión amorosa. Trabajo sencillo; algunas sesiones de terapia a cada uno de ellos quienes en pocos días comenzaban a recuperar su confianza así como las ganas de vivir, todo lo cual de alguna manera le daba paz interior al joven profesionista, tomando en cuenta lo que había sufrido hacía algún tiempo.
         Hasta que conoció a Eduardo.

         Le llegaron reportes por parte de algunos maestros que hablaban de un joven de dieciséis años, solitario y huraño que dormitaba en clases y que incluso en un par de ocasiones se había despertado sobresaltado y gritando. Martín pensó que simplemente se trataba de un estudiante que se pasaba parte de la noche metido en internet por lo que al otro día simplemente se dormía intentando recuperar el sueño perdido.
         Aun así, programó una cita y cuando llego Eduardo de primera instancia lo vio como a cualquier otro joven; alto, delgado y desgarbado, pero lo que de verdad le llamó la atención fue la mirada de angustia adornada con unas pronunciadas ojeras que resaltaban en el tono pálido de su piel.
         Inmediatamente intentó hacer contacto con él:
         -Hola, me han dicho que el rendimiento de tus clases ha bajado drásticamente-.
         Quiso comenzar por algo sencillo para ganarse su confianza; aun así, el jovencito se mostró desconfiado:
         -Sí, he bajado de calificaciones-.
         -¿A qué crees que se deba?-. Prosiguió.
         Eduardo quiso decir algo importante pero mejor se salió por la tangente:
         -Pues… simplemente he tenido una mala época en mis estudios; a todos nos sucede alguna vez ¿No?-.
         Martín no quiso presionar más, por lo que se dedicó mejor a platicar con el joven acerca de su vida personal; ya habría tiempo para lo que él pensaba que afligía a su nuevo paciente.

         El psicólogo le ordenó una sesión semanal a las cuales acudía Eduardo al principio de mala gana, viéndolas como una obligación, pero conforme pasó el tiempo se fue relajando más y más; le agradaba platicar con el doctor debido a que se daba cuenta que éste último en realidad lo escuchaba, por lo que Martín pensó que simplemente era un chico atormentado por la soledad y que de ahí derivaban todos sus problemas escolares, y más cuando le comentó que en realidad no tenía amigos; ni en la escuela ni cerca de su casa lo que aunado a la falta de interés por parte de sus papás, le animaba a pensar que había dado en el clavo.
         En una ocasión, casi dos meses después de sesiones de terapia, Martín decidió volver a insistir en lo que le aquejaba al adolescente, por lo que volvió al tema:
         -He visto con satisfacción que eres inteligente e incluso dedicado a tus labores escolares; no entiendo porque sigues reprobando tus materias. ¿Quieres decirme que está pasando en tu vida que no te deja dar tu mejor esfuerzo?-.
         Eduardo guardó silencio por algunos momentos y luego contestó tristemente:
         -Es que si le cuento no me va a creer-.
         El psicólogo insistió:
         -Entiendo tu falta de confianza, pero recuerda que soy un profesional en problemas de los adolescentes, por lo que nada de lo que me digas me va a sorprender; incluso te puedo ayudar más de lo que tú crees-.
         El jovencito sonrió enigmáticamente y dijo:
         -Estoy seguro que nadie le ha contado algo como lo que yo estoy sufriendo-.
         Martín suspiró y le dijo:
         -Pues entonces ponme a prueba-.
         Eduardo hizo un silencio interminable, hasta que mirando directamente a los ojos de su terapeuta, le soltó:
         -Cuando cierro los ojos veo a los muertos-.

Martín se pasó los siguientes días analizando las palabras que le había dicho su nuevo paciente; por lo que había platicado con él no consideraba que padeciera alucinaciones; no se drogaba y hasta done él veía, no había sufrido un trauma tan grande como para tener una afectación mental a tal grado que quisiera llamar la atención de esa manera tan extraña.
En la siguiente sesión le pidió que ahondara más en su “condición”, así que le pidió a Eduardo que le platicara desde cuándo le pasaba lo que le había contado.
El adolescente lo pensó un momento y comenzó su relato:
         -Todo comenzó a raíz de un accidente que tuve en mi casa; me caí de la escalera y al estar solo debido a que mis padres trabajan todo el día, quedé tendido en el suelo, creyendo que iba a morir y cuando cerré los ojos me di cuenta que una infinidad de sombras danzaban frente a mí; algunas me ignoraban pero otras se me acercaban con curiosidad; cuando les puse más atención pude ver que eran personas que habían muerto y que curioseaban por mi casa sentándose en los sofás de la sala mientras platicaban entre ellas y que algunas otras simplemente se sentaban en el suelo para llorar desconsoladamente-.
Martín quiso saber más, por lo que le preguntó:
-¿Se han comunicado contigo?-.
Eduardo experimentó un ligero temblor en todo el cuerpo y continuó:
-Sí, cuando las ánimas se dieron cuenta que los veía fijamente comenzaron a hablarme-.
-¿Y qué te dicen?-.
El jovencito dijo con una infinita tristeza:
-Me platican acerca de su vida; todo lo que dejaron pendiente así como lo mucho que extrañan a sus seres queridos-.
El psicólogo tratando de controlar el miedo que comenzaba a acrecer dentro de él de manera incomprensible, quiso saber:
-¿Y cómo son físicamente?-.
Eduardo hizo una mueca de desagrado y contestó:
-Eso es lo peor de todo, pues se ven como cuando murieron-. Y haciendo una pausa continuó. –Incluso hay algunos a los que les faltan partes de su cuerpo ¡Esos sí que me dan miedo!-.
El doctor ya no quiso insistir y dio por terminada la sesión para poder analizar lo que le acababa de contar su paciente.
Investigó en su biblioteca personal para ver si podía dar con alguna respuesta y al no encontrar nada en la siguiente sesión le dijo a Eduardo que lo iba a mandar a que le hicieran unos estudios a su cerebro, a lo que el jovencito contestó con una sonrisa burlona:
-No me cree ¿Verdad?-.
Martín decidió no dar una respuesta directa y exclamó:
-Es solo para comprobar que no es una cuestión orgánica y así poder ayudarte correctamente-.
Eduardo simplemente dijo:
-No se preocupe doctor; sabía que no me iba a creer-.
Cuando el psicólogo recibió los resultados de los estudios vio con desencanto que no había nada fuera de lo normal, por lo que cada vez se convencía de que el adolescente le estaba diciendo la verdad; con todo, se resistía a creer que un ser humano pudiera ver a los habitantes del más allá y peor aún, que se comunicara con ellos.
No se atrevía a recomendar alguna posible solución; sentía que tenía que saber más al respecto de la condición mental del joven por lo que en la siguiente sesión, le preguntó:
-Oye, y tus “visitantes”, ¿Alguna vez te han pedido que te lastimes a ti mismo o a alguien más?-.
Eduardo sonrío comprensivamente, como alguien que habla con un niño y le dijo:
-Por favor doctor, ya tienen demasiados problemas por la culpa que arrastran debido a lo mal que se portaron cuando estaban vivos como para querer dañar a alguien más-.
Y antes de que el psicólogo dijera algo, el jovencito prosiguió:
-Lo que sí me han pedido es que me comunique con sus familias para darles algún mensaje-.
-¿Y lo has hecho?-.
Eduardo se puso serio y contestó:
-Cuando he podido sí lo he hecho; pero no llego con las personas a decirles: “Tengo un mensaje de su padre muerto; dice que te quiere mucho”-. Y riendo fuertemente añadió. -¡Entonces sí me meterían al manicomio!-.
El doctor dijo:
-¿Y entonces que haces?-.
-Cuando puedo les dejo algún recado anónimo o alguna señal que ellos puedan interpretar como que se las dejó el vida el difunto; solo en una ocasión si me metí a la casa de una familia para poner una maleta llena de dinero que un anciano había escondido toda su vida-.
Martín preguntó inmediatamente:
-¿Dinero? ¿Y porque no te quedaste con él?-.
Eduardo finalizó con una seria expresión:
-Porque no era para mí-.

Martín no tenía respuestas y eso lo hacía sentirse frustrado.
Se pasaba las noches en vela tratando de encontrar la solución a la afectación emocional que él creía que tenía Eduardo; había ocasiones que incluso se levantaba a medio noche en la soledad de su casa para revisar alguno de sus libros o incluso para buscar en Internet algo que lo ayudara con la condición de su nuevo paciente.
A veces simplemente se sentaba en la sala de su casa ahogándose en café pensando en esta situación; se resistía a creer que Eduardo le estaba diciendo la verdad. Reflexionaba en el hecho de que a pesar de todo, las pláticas que tenía con el joven le estaban ayudando a éste último, pues notaba que cada vez se abría más ya que le platicaba de sus aficiones e intereses en la vida e incluso, le platicaba acerca de sus planes para el futuro, lo cual cada vez le indicaba más que no había nada extraño en su paciente.
A excepción de que hablaba con los muertos.
         Desgraciadamente no le pudo dar seguimiento al caso debido a que la siguiente semana le notificaron en el instituto que los papas de Eduardo lo habían dado de baja para llevárselo a otra escuela; Martín insistió en que quería conocer los datos personales del joven debido a que podía padecer una enfermedad muy peligrosa para su salud, pero los directivos se negaron rotundamente a darle la información solicitada alegando que como ya no era alumno del instituto, había dejado de ser su problema.
         El doctor intentó por todos los medios dar con el paradero de Eduardo pero fue en vano; como no había hecho amistad con sus compañeros, estos no podían darle datos útiles para dar con él y como hasta había cerrado su página de Facebook, era como si simplemente se lo hubiera tragado la tierra.
         Debido a la falta de interés mostrado por las autoridades escolares en ese y otros casos de relevancia médica, Martín solo estuvo unos cuantos meses más en ese colegio y renunció para llevar sus conocimientos y ayuda profesional hacia otras latitudes, y cuando comenzaba a olvidar al extraño joven y su peculiar historia resultó que años después se lo encontró en un centro comercial. Le dio mucho gusto volver a ver a Eduardo por lo que después de las clásicas preguntas de rigor acerca de su vida en general, lo interrogó acerca de lo que le había contado:
         -Y dime, ¿Todavía hablas con los muertos?-.
         Eduardo sonrió y contestó:
         -Sabía que me iba a preguntar eso; pues sí, todavía hablo con ellos-.
         Y con un suspiro resignado, continuó:
         -¿Sabe doc? Ya no lo veo tan trágico; es como si aceptara que eso es parte de mí, de lo que soy y que esa es mi vida. Incluso me he hecho amigo de varios de ellos; algunos me aconsejan acerca de las decisiones que debo tomar o por lo menos me cuentan cosas interesantes de cuando estaban vivos-.
         Sonrió alegre y finalizó:
         -Creo que se podría decir que soy feliz viviendo así-.
         El psicólogo ya no quiso ahondar en el tema por lo que pensó que cierto o no, al parecer Eduardo ahora vivía más tranquilo y que por lo menos ya no tenía la mirada de angustia y temor que mostraba cuando lo conoció.
         Se despidió afectuosamente del extraño joven, pero antes de que se diera la media vuelta para alejarse, Eduardo esbozó una sonrisa siniestra y le dijo:
           
         -Por cierto doctor, su esposa siempre camina a su lado, desde la noche en que usted le dio un balazo en la cabeza-.

martes, 1 de enero de 2019

LA MÚSICA NO ES DE ESTE MUNDO




         Alec era el cantante de moda.
         Le había costado muchísimo esfuerzo pero después de seis años de pasar penurias, finalmente a la edad de veinte y cuatro había triunfado.
         Su gusto por la música comenzó desde que era pequeño, pues cuando apenas tenía cuatro años su padre, un aficionado del piano comenzó a ponerle las canciones que a él mismo le gustaban, al principio solo para entretenerlo, pero cuando se dio cuenta que el niño disfrutaba de sus melodías preferidas, inmediatamente le enseñó a tocar el instrumento.
         Con gran satisfacción del músico, el pequeño Alec demostraba un talento innato para las teclas de su viejo piano; parecía que en realidad no las tocaba, sino que las acariciaba como lo haría un hombre enamorado con las delicadas facciones de su amada.
         Le enseñó todo lo que sabía y cuando Alec lo aprendió todo, lo mandó con un respetado profesor de piano, quien al principio a regañadientes lo educaba musicalmente, pero al ver la capacidad del pequeño, siguió instruyéndolo sin siquiera cobrar por sus lecciones. Ambos, padre y maestro tenían sus esperanzas sembradas en el ahora adolescente, pensando que con el tiempo se iba a convertir en un concertista; tal vez el mejor del mundo. Triste fue su sorpresa cuando se dieron cuenta que la idea de Alec no era ser intérprete de música clásica, sino que a él lo que le gustaba era la música popular que escuchaban los chicos de su edad. Como se negaban a que se dedicara a lo que ellos llamaban “un desperdicio de talento”, el joven por su cuenta desarrolló sus capacidades para el canto y como tenía un buen timbre de voz el cual aunado a la teoría musical que ya había aprendido, comenzó a crear sus propias composiciones.
         Cuando llegó a la edad de dieciséis años, su padre le puso un ultimátum: o seguía por el camino que él le había escogido o se iba de la casa paterna; con gran dolor de su parte, Alec decidió por esto último, así que despidiéndose de su madre quien lo abrazó con lágrimas en los ojos, se fue a buscar fortuna por su propia cuenta.
         Trabajó de lo que pudo y durmió donde le permitían pasar la noche, pero siempre que podía seguía trabajando en sus canciones; como no tenía a la mano un piano, con grandes sacrificios se pudo comprar una pequeña guitarra acústica y dado su talento natural para la ejecución de los instrumentos musicales, pudo aprender lo suficiente para poder seguir escribiendo sus melodías.
         Para completar sus gastos, los fines de semana se iba a una entrada del tren subterráneo a tocar para la gente, en espera de que alguien le regalara un par de monedas; era tanto el sentimiento con que cantaba y tan hermosos los mensajes de sus canciones que todos los que pasaban no vacilaban en darle dinero e incluso quedarse algunos minutos para escuchar sus canciones románticas.
         Si, impactaban sus letras porque hablaban de amor, cosa que a Alec no le era desconocido; no por estar enamorado de alguna mujer, sino porque el joven estaba enamorado de la música.
         Un par de canales de televisión, al escuchar hablar del “cantante del subterráneo” lo entrevistaron, con lo que el intérprete comenzó a ser cada vez más conocido; fue tanta su popularidad que algunas disqueras lo contactaron pues querían grabar sus canciones, pero cuando le decían que para grabarlo debía de cederle los derechos de su música, inmediatamente Alec se negó diciendo “mis canciones son solo mías y de nadie más”. Por otro lado, varios representantes de artistas con muchos años de saber tretas para explotar a los noveles cantantes se le acercaron prometiéndole un sinfín de cosas como fama, fortuna, mujeres, todo a cambio de que también les cediera los derechos de sus canciones así como que firmara un contrato a todas luces ventajoso para ellos. Alec los rechazó a todos, pensando que tarde o temprano le llegaría su verdadera oportunidad, así que decidió ser paciente a pesar de las penurias económicas por las que pasaba.
         Y la oportunidad llegó.
         Resulta que un ex productor de una disquera muy famosa, al ser echado de esta, decidió independizarse, por lo que contrayendo deudas compro el equipo suficiente para poner un estudio de grabación, confiando en que como todavía estaba conectado con el medio artístico era posible que triunfara; en este sentido al igual que todos, vio los reportajes del “joven del subterráneo”, así que decidió contactarlo.
         Llegó al lugar donde Alec se encontraba interpretando sus melodías y espero hasta que el joven dejara de tocar y se le acercó:
         -Hola muchacho, veo que tienes mucho talento-.
         Alec escuchó las palabras que ya había oído incontables veces y cuando volteó a ver a quien le hablaba esperando encontrar otro estafador y abusivo, se quedó sin habla al ver la sonrisa franca y la sincera mirada del recién llegado.
         Simplemente balbuceó:
         -Gracias señor-.
         El productor amplió la sonrisa y dándole una tarjeta le dijo:
         -Soy el ingeniero Valdemar y soy productor de un estudio de grabación por lo que me gustaría producirte un disco-.
         Al ver que a Alec se le dibujaba una son risa de incredulidad, siguió hablando:
         -Sí, sé que esto te lo han dicho infinidad de veces; que te han prometido una serie de fantasías a cambio de prácticamente venderles tu alma, pero no te preocupes; creo que tú y yo podemos llegar a entendernos bien-.
         El joven le dijo muy seriamente:
         -La única manera de entendernos sería que no me pidiera cederle los derechos de mis canciones-.
         Valdemar contestó muy seguro de sí mismo:
         -Hecho.
         Y a partir de ahí comenzó la relación entre el ingeniero Valdemar y el joven Alec.

         El productor, al estar tantos años en el medio, sabía reconocer un talento natural y como él también fue víctima de los abusos de grandes corporaciones, pensaba guiar la carrera de Alec de forma correcta. Además, sabía que como su estudio apenas iba comenzando, su catálogo de artistas era muy limitado por lo que necesitaba de un verdadero artista para poder lograr algo de importancia; después de todo, la música es también un negocio.
         Con todo, respetó los deseos de Alec de quedarse con los derechos de su propia música; firmaron un contrato con beneficios para ambas partes y dado que el joven músico no tenía representante, él se encargó de representarlo, por lo que juntos lograron iniciar la carrera del joven músico.
         El primer trabajo de Alec que salió al mercado a la edad de diecinueve años, no tuvo todo el reconocimiento que se merecía, ya que antiguos enemigos del ingeniero se encargaban de ponerle obstáculos, pues se ponían de acuerdo con estaciones de radio para que no tocaran las canciones del joven y hablaban con los organizadores de conciertos para que no lo contrataran, pero con el paso del tiempo y dada la presión del público que se había enamorado de las canciones del artista, todos doblaron las manos y la carrera de Alec despegó.
         Cuando recibió el premio a la revelación juvenil del año, inmediatamente se lo dedicó a sus papás; le dolió ver que ellos no habían asistido a la premiación a pesar de haberles mandado la invitación correspondiente pues se dio cuenta con tristeza que su padre aún no le perdonaba el haber rechazado el camino que él le había trazado; por parte de su madre, sabía que no había asistido para no disgustar a su progenitor, pero se consoló cuando abrió su Facebook y vio un mensaje de felicitación de la señora, acompañado de una foto donde posaba con una cartulina que decía: “Estoy orgullosa de ti”.
         Cuando salió su segundo disco, toda Latinoamérica conocía al joven Alec, por lo que los dos siguientes años fueron un sinfín de giras y entrevistas a todo lo ancho del continente; en cuanto la gente escuchaba sus melodías inmediatamente sentían el amor que éstas expresaban y como su comportamiento no tenía el defecto de los escándalos o problemas que acompañan a la mayoría de los cantantes jóvenes, todo eso ocasionaba que a donde quiera que iba era recibido con gran afecto.
         La cúspide de su carrera llegó a sus veintitrés años, al sacar su tercer disco; las tiendas de música habían hecho grandes pedidos anticipados para tenerlo cuanto antes en sus anaqueles y las descargas en línea se daban una tras otra, sólo con intervalos de segundos entre sí. Europa y Norteamérica también habían sido conquistadas por la música de Alec pues sus habitantes, muchos de los cuales no sabían una palabra de español, se deleitaban con la pasión de la voz del joven así como de la calidad musical de sus canciones.
         Todo lo anterior pasaba por la cabeza de Alec, quien ahora se encontraba en el balcón de su cuarto de hotel, mientras contemplaba las luces nocturnas de la ciudad de Londres, un par de horas antes de dar su siguiente concierto.
         Se sentía cansado pero feliz, por lo que una amplia sonrisa abarcaba toda su cara, cuando entró el ingeniero Valdemar quien le dijo:
         -Hola Alec, ¿Cómo estás?-.
         El aludido contestó:
         -Trataba de relajarme antes del concierto, haciendo un recuento de mi carrera musical-.
         Y añadió:
         -Le estoy muy agradecido por todo lo que ha hecho por mí-.
         El viejo productor sonrió conmovido y le contestó:
         -Lo sé, lo sé; me lo has dicho incontables veces. Recuerda, a final de cuentas esto ha sido benéfico para ambos; tú has podido dedicarte a lo que más te gusta y ahora vives de ello y yo, ¿Por qué no decirlo? Me has traído muchas ganancias, tanto como tu representante como por la fama que le diste a mi estudio de grabación; gracias a ti, artistas que antes me despreciaban, ahora me ruegan porque les produzca sus discos, tanto que tengo una lista de espera de varios años-.
         El joven exclamó:
         -Sé que usted está en esto por negocio, pero aun así creo que algunas de las cosas que ha hecho por mí no estaba obligado a hacerlas y aun así las hizo-.
         El ingeniero le dijo:
         -Mira hijo, en el fondo me recuerdas a mí muchos años atrás cuando yo también comencé en el negocio de la música, porque aparte de mi familia, es lo que más amo en el mundo; me di cuenta que tú también tenías esa misma actitud, así que simplemente hice lo que tenía que hacer: darle a conocer al mundo tu música tan maravillosa-.
         Y completó:
         -Independientemente de que ambos hemos ganado mucho dinero con esto ¿No crees?-.
         Alec dijo humildemente:
         -No voy a negar que me gusta llevar esta vida tan cómoda que tengo, y más después de los años de hambres y penurias por los cuales pasé, pero usted mismo lo ha dicho, mi sueño siempre ha sido y será componer canciones, grabarlas y cantárselas a la gente-.
         Valdemar le dio una palmada en la espalda y le dijo:
         -Pues ya lo ves Alec, los sueños se pueden hacer realidad-.
         Éste sonrió aún más y contestó emocionado:
         -Sí, así es-.
         El ingeniero finalizó:
         -Bueno, pues ve preparándote, pues tienes que estar en media hora en el teatro para hacer la prueba de sonido; yo me adelanto para ver que ya todo esté listo. Allá abajo te espera el chofer, no tardes-.
         El joven dijo simplemente dijo:
         -No se preocupe, ahí estaré como siempre-.
         Pero Alec jamás llegó al concierto.

         Después de esperar más de una hora y conocedor de la puntualidad del joven músico, el ingeniero se preocupó por lo que llamo al hotel donde le indicaron que Alec había salido a la hora convenida, que había abordado el transporte y a partir de ahí ya no supieron más de él. Alertaron a las autoridades quienes inmediatamente se dieron a la tarea de ubicar al vehículo, el cual fue localizado rápidamente gracias al GPS, pero cuando llegaron a él, al único que encontraron fue al chofer desmayado; lo despertaron y cuando lo interrogaron, éste dijo que lo único que recordaba era que iba conduciendo y de repente su mente se quedó en blanco.
         Se emitió la voz de alerta, mientras Valdemar daba instrucciones para cancelar el concierto y sabiendo que no podía ocultar la verdad, les notificó a los asistentes el motivo por el cual Alec no se iba a presentar; los hombres se miraban preocupados mientras las mujeres, desde las adolescentes hasta las ancianas que habían ido al evento lloraban amargamente, pues no podían concebir que alguien hubiera tenido tan poco corazón para secuestrar a una persona tan querida como Alec.
         El ingeniero dio una conferencia de prensa donde dio los pocos detalles que sabía de la situación e incluso ofreció una recompensa para aquel que supiera algún dato útil para rescatar a Alec; se investigó al chofer pero no se le encontraron vínculos con delincuentes por lo que se le dejó en libertad. Mientras, internet se colapsaba con teorías por demás descabelladas acerca del destino del joven y las telefonistas de la policía inglesa no se daban abasto con las llamadas de incontables personas que afirmaban saber dónde se encontraba el artista desaparecido; había quienes decían haber visto personas extrañas rondando los alrededores del hotel donde se hospedaba, otros que se ofrecían como voluntarios para buscarlo; chiflados que decían que tenían contactos con el más allá y que les habían indicado donde encontrarlo, así como jovencitas que llamaban amenazando que si la policía no encontraba a Alec, estaban dispuestas a suicidarse pues según ellas, sin su ídolo la vida no valía la pena vivirla.
         El ingeniero Valdemar se encontraba inconsolable; no porque hubiera desparecido su estrella, su mina de oro, sino porque en realidad le había tomado un afecto paternal al joven, así que lo que más le preocupaba en esos momentos, era la seguridad del músico. Incluso a veces se arrepentía de haberlo sacado de los túneles del subterráneo, pues consideraba que si no lo hubiera hecho, ahora Alec estaría sano y salvo.
         Pero el ídolo de millones de personas a lo largo y ancho del mundo no aparecía, pues tal parecía que se lo hubiera tragado la Tierra.
         Pero el músico no estaba dentro de la Tierra; más bien estaba fuera de ella.

         Alec despertó trabajosamente y cuando su mente se ubicó, se sintió aún más confundido; estaba acostado bocarriba en una extraña cama la cual tenía una suavidad como nunca había experimentado a pesar de haber dormido en los mejores hoteles del mundo. Se movió lentamente y se dio cuenta que estaba cubierto de una ligera sabana la cual, a pesar de sentir el ambiente fresco, lo calentaba perfectamente. Cuando recuperó sus fuerzas se sentó en el lecho, para darse cuenta que se encontraba en una habitación completamente vacía, sin ningún otro mueble más que la cama; las paredes estaban pintadas de un gris claro, pero no había absolutamente nada que le indicara donde estaba pues no había ventanas, tan solo una puerta blanca al fondo de la habitación. Lo que más le llamó la atención era que el lugar no tenía ningún foco o lámpara que lo alumbrara, sino que parecía que las paredes brillaban de tal manera que no se proyectaba ningún sombra; se levantó y vio que tenía la misma ropa que utilizaba cuando salió del hotel e inmediatamente se dio cuenta con espanto que había sido secuestrado, pues no recordaba más que haber subido al coche e inmediatamente perdió el conocimiento; lo más probable era que había sido drogado. No le importaba dar toda su fortuna a cambio de su libertad, sino que tenía miedo que con todo y el pago del rescate ya no regresara con vida. Recordó a su mamá y se angustio ante la posibilidad de no volver a verla nunca más pero aun así estaba dispuesto a hacer todo lo posible por regresar con los suyos; se puso sus botas pensando en cómo salir de la situación cuando la puerta se abrió.
         Alec esperaba encontrarse con tipos malencarados armados con pistolas pero las personas que entraron lo dejaron boquiabierto.
         Si es que se les podía llamar personas a los seres que entraron.
         Eran tres, vestidos con túnicas blancas que les llegaban a los tobillos; dos de ellos medían arriba de los dos metros mientras que el tercero era un poco más bajo; el joven pensó que se trataba de una mujer pero no podía asegurarlo, pues ninguno de ellos tenía un solo cabello en la cabeza; es más, ni siquiera tenían cejas. Alec pensó que había sido víctima de secuestro de algún culto siniestro, pero cuando los seres se acercaron, estuvo a punto de desmayarse cuando se dio cuenta que todos tenían los ojos completamente verdes que resaltaban en la extrema palidez de su piel.
         El que iba hasta adelante habló:
         -Hola Alec, vemos que te has despertado-.
         Al ver que el joven no atinaba a articular palabra alguna, prosiguió:
         -Tendrás muchas preguntas como es lógico pensar, pero no te preocupes, todo será explicado así que toma asiento y te lo diremos todo-.
         El músico se sentó lentamente en la cama, mientras su visitante comenzó la explicación:
         -Yo me llamo Log, mi acompañante es Koro y ella se llama Alaz-.
         Los nombrados simplemente bajaron ligeramente la cabeza en señal de saludo y Log continuó:
         -Estas en el planeta Kamal, el cual se encuentra en una galaxia a una distancia incomprensible para tí de tu planeta; está habitado por nuestra raza la cual, a comparación de la tuya, ha evolucionado a través de eones y hemos progresado mucho por medio de nuestra tecnología, cosa que los humanos no han aprendido todavía-.
         Alec, intentando razonar, preguntó:
         -¿Y cómo me han traído aquí?-.
         El extraño ser explicó pacientemente:
         -Tenemos medios de transporte que tu raza no conocerá hasta después de muchos siglos; eso, si es que no se extinguen antes entre ustedes-.
         Los otros dos extraterrestres emitieron una especie de risa burlona, pero la callaron cuando Log volteó a verlos y prosiguió:
         -Ustedes miden las distancias en años luz, esto es, en el tiempo en que tarda la luz en viajar, pero nosotros cuando es necesario podemos recorrer enormes trayectos en el espacio más rápido que el pensamiento; de hecho, desde el momento en que desapareciste de tu planeta hasta que despertaste no ha pasado más que una hora terrestre-.
         El joven replicó:
         -Pero eso fue porque ustedes me narcotizaron-.
         Log le dijo:
         -Fue por tu propia seguridad; para nosotros todo esto es normal, pero si un ser humano viajara a tales velocidades y distancias, perdería la razón. Aún así, no te hicimos ningún daño-.
         Alec dijo preocupado:
         -Pero, ¿Por qué me trajeron?, no irán a hacer experimentos conmigo ¿O sí?-.
         Koro interrumpió y dijo con aire de petulancia:
         -Sabemos de las historias de humanos secuestros por extraterrestres que se cuentan en tu planeta, las cuales simplemente son fantasías de mentes perturbadas; en realidad tu raza es demasiado primitiva para nosotros por lo que no nos sirve ni siquiera como material de estudio, pero tú en lo particular sí tienes algo muy importante para nosotros-.
         Log volteó a ver a Koro como reprochándolo, pero antes de que dijera algo, el joven músico se adelantó diciendo con temor en la voz:
         -¿Y qué es lo que quieren de mí?-.
         El extraño ser le contestó:
         -Creo que es mejor que nos acompañes para que lo entiendas mejor-.

         La mente de Alec era un caos; en toda su corta vida jamás había reflexionado acerca de si había vida en otros planetas pues toda su vida giraba alrededor de la música; a él solo le interesaba cantarle al amor, por lo que no se metía en conflictos existenciales o cuestiones tan complicadas como la física, lo paranormal, la ufología. De hecho, ni siquiera creía en Dios.
         Pero dada su situación actual, ahora estaba dispuesto a creer incluso en Santa Claus.
         Caminaron por un largo pasillo que al igual que la habitación donde despertó, no tenía ventanas y que también era iluminado por las mismas paredes de gris brillante; de vez en cuando se cruzaban con otros seres de la misma raza que sus acompañantes, los cuales al ver a Log, inclinaban la cabeza en señal de respeto, por lo que Alec pensó que este ser era una especie de líder en el planeta Kamal. Sin embargo, lo que más le llamaba la atención era el gesto serio que todos tenían; incluso en algunos llegó a notar que a pesar de que sus ojos eran muy diferentes a los de los humanos, reflejaban una melancolía que los hacía caminar tristemente.
         Después de recorrer una considerable distancia, llegaron a una puerta que se abrió inmediatamente cuando se paró Log frente a ella; algo le dijo a Alec que la puerta no era de las automáticas que existían en la Tierra, sino que el mismo alienígena la había abierto con la mente.
         Salieron a una especie de balcón y en cuanto el aire entró en los pulmones del joven, éste sintió que se mareaba, pues estando acostumbrado al aire contaminado de su mundo, mientras que el de este planeta era tan puro que incluso le provocó nauseas. Como pudo se agarró con ambas manos de la orilla del balcón y cuando fijo la vista al frente, quedó sorprendido.
         Inmediatamente se dio cuenta que estaba en un edificio tan alto que casi podía tocar las nubes azules que danzaban arriba de él; bajo la vista y vio que la mayoría de las estructuras que tenía a la vista eran casi de la misma altura y cuando se asomó hacia el suelo, vio como circulaban incontables naves voladoras; algunas pequeñas donde se alcanzaba a ver que eran tripuladas por una sola persona, mientras que otras se veían más grandes, las cuales avanzaban más lentamente, todas en perfecta sincronía, no como en las escasas películas que llegó a ver en el cine, donde se mostraban planetas en un ambiente donde dominaba el caos.
         Otra cosa que era digna de admirar era el silencio que se percibía en el ambiente, pues a pesar de la circulación de los vehículos y del movimiento que se veía en las calles de la ciudad, todo el lugar era presa de una ausencia de ruido que le extrañaba al joven, acostumbrado al ajetreo de las grandes ciudades terrestres; aguzó el oído intentando escuchar algo, pero solo percibía un murmullo que por momentos le pareció deprimente.
         Log esperó pacientemente a que Alec explorara su planeta y cuando consideró que el momento era adecuado, comenzó su discurso:
         -Veras terrícola, hace un tiempo inimaginable nosotros éramos como los seres humanos de primitivos, pero fuimos evolucionando hasta ser como nos ves ahora; hemos poblado nuestro planeta conviviendo en armonía con nuestro ecosistema en perfecto orden; dejamos atrás las guerras inútiles que solo nos perjudicaban y que al igual que ustedes, estuvieron a punto de causar nuestra aniquilación total, pero afortunadamente aprendimos la lección y ahora tenemos una sociedad admirable que no padece de los problemas que tienen  ahora ustedes-.
         Alec interrumpió:
         -¿Entonces no tienen delincuencia?-.
         El alienígena dijo un poco avergonzado:
         -Es posible que alguien se sienta tentado a querer aprovecharse de alguno de sus semejantes pero a diferencia de ustedes, no lo encerramos y nos olvidamos de él, sino que lo reeducamos para que pueda convivir con los demás, lo cual se logra en el cien por ciento de los casos-.
         -Pero sí tienen enfermedades y con el paso del tiempo mueren ¿No?-.
         Exclamó el joven, a lo que Log contestó:
         -Tenemos una medicina muy eficiente, una vez más, gracias a nuestra tecnología; en cuanto a la muerte, como es lógico a todos nos llega el momento, pero sabemos que después de pasar lo que ustedes conocen como vida, no nos preocupa que ésta termine, pues sabemos que vamos a ascender a un plano superior-.
         Alec razonó y preguntó:
         -Me llama la atención que ustedes sean tan iguales a los seres humanos; ¿A qué se debe, si viven tan lejos de nosotros?-.
         El extraterrestre dijo tranquilamente:
         -Lo que pasa es que fuimos hechos por el mismo Creador-.
         Alec se dio cuenta que se encontraba frente a quien le podía responder la pregunta que se han hecho todos los seres humanos a lo largo de su existencia: quien es Dios, así que dijo:
         -¿Y quién es ese creador?-.
         Alaz fue quien contestó de manera tajante:
         -Tu raza no está preparada para saberlo-.
         El músico dijo tímidamente:
         -Entiendo-.
         Y añadió:
         -Pero todavía no comprendo que hago yo en su planeta-.
         Log exhaló un largo suspiro y dijo gravemente:
         -Veras Alec, necesitamos de tu música-.

         ¿Su música? Se preguntó Alec a sí mismo.
         No entendía que tenía que ver su arte con esta raza de seres tan avanzados; pensaba si no lo querían utilizar como mico cilindrero para su diversión.
         Eso se le hacía aún más aberrante que si lo abrieran para estudiar sus órganos internos.
         No, pensaba que eran demasiado evolucionados para algo así por lo que prefirió dejar de hacer conjeturas y saber la verdad.
         Por muy horrible que ésta fuera.
         Le preguntó a Log:
         -¿Y qué tiene que ver mi música con ustedes?-.
         El extraño ser bajo la mirada tristemente y cuando la levantó dijo:
         -Nuestra raza se está muriendo-.
         Antes de que el joven dijera algo, prosiguió:
         -Ya te dije que estamos plenamente conscientes de que pasamos un tiempo en este planeta y luego avanzamos hacia otra dimensión, pero desde hace mucho tiempo hemos estado viendo que mucha gente joven muere; es como si fuera una epidemia pues este fenómeno se está dando masivamente y lo peor es que está contagiando a la raza en todo nuestro planeta. Los primeros síntomas es que dejan de trabajar, se alejan de los demás, pierden el interés en sus actividades y dejan de comer; llega un momento en que se quedan en sus casas sin moverse, sin importarles nada hasta que fallecen. Es como si fueran presa de una debilidad que les impide llevar a cabo cualquier tarea de tal manera que el mismo cuerpo deja de funcionar y termina su vida-.
         Si esta raza podía llorar, Alec estaba seguro que Log había soltado el llanto.
         El joven sentenció:
         -En pocas palabras: están muriendo de tristeza-.
         Koro lo vio fijamente, sorprendido de que hubiera entendido inmediatamente la raíz del motivo de la extinción de su raza, por lo que habló en tono de respeto:
         -Así es Alec, nos hemos dado cuenta que avanzamos mucho en tecnología, que evolucionamos mentalmente, pero como una verdad universal es que jamás puedes tenerlo todo, sacrificamos lo que ustedes llaman sentimientos en pro del avance de nuestra inteligencia-.
         El músico dijo comprensiblemente:
         -Sí, me doy cuenta que tienen una actitud muy fría; tal parece que no sienten nada-.
         Sabiendo que esto lo dijo no a manera de reproche, Log dijo a su vez:
         -Tienes razón terrícola, dejamos de lado sensaciones como el enojo, el afecto, el hacer las cosas por gusto como los seres humanos y ahora estamos siendo atacados por el más devastador de esos sentimientos: la tristeza-.
         Entonces Alec preguntó de forma desesperada:
         -Pero si tienen tanta inteligencia, ¿Por qué no han intentado cambiar las cosas; o sea, encontrar la cura?-.
         Y casi gritó:
         -¿Por qué no han utilizado alternativas como la psicología o cosas así?-.
         Log dijo desesperanzado:
         -Lo hemos hecho, pero al parecer en nosotros eso no funciona dada nuestra forma tan lógica de pensar y de comportarnos-.
         El joven dijo:
         -Pero sigo sin saber cuál es mi papel en esta trágica situación-.
         Log dijo:
         -Veras Alec; hace mucho tiempo una de nuestras mentes más brillantes que también se encontraba contagiado por este funesto mal, pensó que el planeta era el que nos estaba matando, por lo que tomó su vehículo y se fue a vagar por el espacio. Estuvo viajando hasta que se le acabó el combustible y cayó en tu mundo; no le importó pues pensaba que cualquier lugar era bueno para morir, pero después de que su nave aterrizó su curiosidad científica lo hizo explorar la Tierra y cuando estaba a punto de colapsar, escuchó su música e inmediatamente se sintió mejor, pues sintió como si fuera inyectado con una sustancia que le hacía moverse al ritmo de la melodía y que su cuerpo le exigía vivir al máximo y agradecer que estaba vivo-.
         El músico sentenció:
         -Así que se sintió feliz-.
         Log simplemente dijo:
         -Exactamente-.
         Pero Alec quiso saber más:
         -Entonces, ¿Ustedes no conocen la música?-.
         El extraterrestre dijo tristemente:
         -No, pues no fuimos diseñados para crear algo así-.
         Y levantando la manga de su brazo derecho, saco la mano y el joven vio sorprendido que solo tenían tres dedos, dos largos y uno más corto como si fuera su pulgar.
         Al ver la cara de asombro del terrícola, Log dijo:
         -Como verás, no somos capaces de tocar los instrumentos musicales que ustedes conocen-.
         Alec quiso saber más:
         -¿Y qué pasó con el científico?-.
         Entonces fue Koro el que contestó, de manera casi emocionada:
         -Todos nos sorprendimos cuando regresó completamente repuesto y con una mueca extraña en la boca; incluso pensamos que había perdido la razón, pero cuando nos contó lo que había experimentado, quisimos saber más y al relatarnos su experiencia supimos que había encontrado la cura a nuestro mal-.
         Y prosiguió:
         -Mandamos un equipo de investigación que se llevó a un grupo de enfermos hacia tu planeta para corroborar la información y nos maravillamos cuando regresaron completamente curados; incluso ahora se han transformado en algunos de los habitantes más productivos de nuestra raza-.
         El joven digirió la información y entonces preguntó:
         -¿Y por qué no crearon su propia música? Con sus conocimientos lo hubieran logrado; incluso en la Tierra se hace música con máquinas-.
         Ahora Alaz fue quien dijo contrariada:
         -Lo intentamos utilizando todos nuestros conocimientos pero fue inútil; nuestras máquinas creaban sonidos parecidos a los suyos, pero no obteníamos el mismo resultado, por lo que nos dimos cuenta que algo nos estaba faltando-.
Alec sintió como la respuesta le golpeó en el cerebro como si fuera un mazazo y dijo emocionado:
-Sí, les faltó el amor-.
Log dijo:
-Tienes razón; estudiamos a tu raza y nos dimos cuenta que es lo que los hace moverse, hablar, trabajar, incluso matar; en pocas palabras lo que los hace vivir es el amor-.
El músico preguntó extrañado:
-Pero entonces, ¿Cómo es que su raza se reproduce?-.
Koro dijo:
-Nos juntamos en pareja como ustedes y nos reproducimos, pero ésto último solo lo vemos como un proceso biológico para el cual no necesitamos de sentimientos; de hecho, Alaz y yo somos pareja-.
Alec dijo:
-Pero, ¿Qué sientes por ella?-.
Koro contestó:
-Simplemente pienso que es quien me a ayudar a preservar mi código genético así como el de ella; fuera de eso, vivimos en una especie de sociedad mediante la cual trabajamos para sobrevivir-.
Volteó a ver a  la alienígena y ésta dijo:
-Vivimos juntos, nos repartimos las tareas cotidianas y nada más-.
El terrícola insistió:
-Pero, ¿Qué sentirías si ella muriera?-.
Koro dijo secamente:
-Pues que su código genético se extinguiría y yo buscaría alguien más para reproducir el mío-.
Alec estaba completamente sorprendido. Se preguntaba si la raza humana tendría el mismo destino; su alma romántica le decía que tuviera esperanza y que por mucho que evolucionara el hombre, nunca dejaría los sentimientos de lado.
Después de todo tenían la música ¿O no?
Entonces cayó en cuenta de su presencia en ese extraño planeta.
Le preguntó a Log:
-Así que me han traído a su mundo para que los cure ¿Verdad?-.
El ser, con un ligero tono de esperanza en la voz contestó:
-Así es terrícola, estudiamos más a fondo tu planeta y nos dimos que tu música es la más querida en ese lugar por lo que te trajimos para que le entregues la cura a nuestra raza; nos dio esperanza ver que los mismos seres humanos se sienten mejor cuando escuchan tus canciones-.

         Alec estaba sorprendido.
         Nunca se imaginó que su música llegaría tan lejos; sabía que si hacia las cosas de manera honesta, sin pensar en la fama y fortuna y solo hacer lo que más amaba le iba a agradar a la gente, pero jamás se imaginó que sus canciones iban incluso a conquistar a otro planeta; de hecho, ningún otro músico en la historia de la humanidad pensó en algo así. Sabía que había los llamados “músicos plásticos”, armados solo para hacer ganar dinero a los representantes, a las disqueras y a las grandes corporaciones musicales por lo que él jamás quiso venderse al sistema; si iba a triunfar era porque creía en su música y no por el beneficio material. Sin embargo, ahora estaba en otro planeta, cuyos habitantes le pedían que salvara a su raza haciendo lo que más quería en la vida: interpretar las canciones que él mismo había creado.
         Pensó que si estaba en sus manos ayudar a otro ser viviente, estaba dispuesto a hacerlo; recordó que cuando le comenzó a llegar el dinero, inmediatamente le pidió al ingeniero Valdemar que donara gran parte de sus ganancias a organizaciones tales como albergues, orfanatos, hospitales de animales, etcétera, pero siempre dando estrictas instrucciones de que todo se hiciera sin dar a conocer el nombre del donador. Sabía que había “artistas” que daban su tiempo, dinero y esfuerzo para sacarse la foto y dar la imagen de ser buenos samaritanos, pero a él lo único que le importaba en ese aspecto era ayudar a los demás, pues consideraba que el verdadero altruismo debía de ser forzosamente anónimo, pues lo importante era hacer algo por alguien más sin importar si la demás gente lo sabía o no.
         Habló de manera decidida:
         -Muy bien, estoy dispuesto a ayudar a su raza-.
         El alienígena hizo una mueca que parecía ser de alivio y le contestó:
         -Sígueme; vamos al Centro de Mando-.
         Caminaron los cuatro rápidamente por otro largo pasillo y entraron a una enorme sala donde otros habitantes del planeta Kamal se encontraban enfrente a lo que parecían ser computadoras, pero a diferencia de las que se utilizaban en el planeta Tierra, éstas eran demasiado sofisticadas para que Alec pudiera describirlas; llegaron al frente de la sala y Log se sentó en un amplio sillón y le dijo al músico:
         -Voy a abrir un sistema de audio que nos permite comunicarnos con todo el planeta; cuando yo te indique, comenzarás a cantar y esperemos que todo salga bien-.
         Oprimió un botón frente a él y comenzó a hablar:
         -Habitantes de Kamal, sabemos que hemos sido víctimas de un extraño mal que ha estado a punto de terminar con nuestra civilización-.
         Hizo una pausa, mientras Koro le señalaba a Alec una serie de pantallas en las cuales se mostraba la imagen de las calles de las inmensas ciudades del planeta; en cuando su líder comenzó a hablar, todos los alienígenas dejaron sus actividades y prestaron atención a su líder, quien siguió hablando:
         -Pero no se preocupen, hemos encontrado a quien nos puede curar de este mal desconocido para nuestra raza; está plenamente garantizado pues ya ha sido probado anteriormente, por lo que lo único que les pido es que pongan atención a lo que van a escuchar-.
         Se recargó en el respaldo de su asiento y le dio a Alec un aparato haciéndole la señal de que comenzara.
         El joven terrícola se aclaró la garganta y dándose cuenta que iba a cantar a capela, esto es, sin instrumentos que lo acompañasen, decidió imprimir a su voz toda la pasión y el amor que sentía por su música, pues sabía que estaba en juego el destino de una raza, que si bien no era la suya, el músico se sentía con la obligación de cumplir su palabra y ayudar en todo lo que pudiera.
         Comenzó a cantar.
         Decidió elegir el éxito del momento que se encontraba promocionando en esos días; era una balada a medio ritmo que hablaba de lo feliz que sentía un chico la primera vez que escuchó la voz de su amada y de cómo se sentía cuando se daba cuenta que su amor era correspondido; en el clímax de la canción el protagonista se daba cuenta que a pesar de su corta edad, se sentía como si hubiera vivido mil años y que había reunido dentro de sí los sentimientos de todos los enamorados que habían encontrado a su pareja dentro de todo ese lapso de tiempo. Hablaba de como se había sentido perdido hasta que había encontrado el refugio perfecto entre los brazos de su Julieta, tal y como si él fuera un moderno Romeo quien estaba dispuesto a luchar contra todo el mundo a cambio de una simple sonrisa del amor de su vida.
         Conforme las palabras dichas de forma rítmica salían de sus labios y se propagaban por el equipo de comunicación, Alec se daba cuenta de los sentimientos que comenzaban a nacer en los habitantes del planeta Kamal, unos  se sentían como el enamorado y las otras, como la receptora de ese sentimiento tan sublime; vio en las pantallas como la mayoría de los extraterrestres se movían al compás de su voz, algunos comenzaban a sonreír, mientras algunos incluso se abrazaban entre sí. Cuando tomo una pausa para la siguiente estrofa, volteo hacia su derecha y vio como Koro tomaba de la mano a Alaz, quien le correspondía con una mirada llena de cariño, proyectada a través de sus enormes ojos verdes sin iris.
         Terminó la canción, sudando del esfuerzo y la pasión imprimida en su interpretación, y cuando los alienígenas se dieron cuenta que había terminado su actuación, comenzaron a emitir fuertes sonidos con sus bocas; se escuchaba tal algarabía que incluso los seres que habían estado manipulando las computadoras del centro de mando, se levantaban de sus asientos y comenzaban a abrazarse entre todos para sorpresa misma de Log, quien no sabía qué hacer, si unirse a la felicidad de sus súbditos o simplemente seguir sentado disfrutando de su propia alegría.
         Decidió ponerse de pie y dirigiéndose a Alec, le dijo con voz entrecortada:
         -Yo, al igual que la mayoría de los que ves aquí, no estábamos enfermos, pero aun así nos sentimos que si hubiéramos vivido toda nuestra existencia en un valle de sombras donde no existía más que la razón; tú has compartido tu propio mundo, y no me refiero en el aspecto físico, sino que has sembrado dentro de nosotros una semilla que quiere seguir creciendo hasta llegar a ser parte de nosotros. Te estamos eternamente agradecidos-.
         Alec no sabía cómo reaccionar, pues a pesar de que había dado infinidad de conciertos, jamás había tenido un público tan entregado como aquel; se daba cuenta que la música no era un invento del ser humando, sino que era producto del Creador que lo había tomado a él como su instrumento para propagar su mensaje: ser feliz.
         Log se levantó y ante la mirada sorprendida de todos los presentes, abrazó afectuosamente a Alec, quien solo atino a rodear al enorme extraterrestre que lo oprimía entre sus largos brazos, casi sofocándolo; el líder del planeta Kamal lo soltó y le propuso:
         -¿Quieres seguir joven terrícola?-.
         El ahora ídolo de los extraños seres que acababa de conocer no lo dudó, por lo que dijo:
         -¡Claro! Cantaré todo mi repertorio-.
         Y así fue.
         Cantó todas y cada una de las canciones imprimiendo toda la fuerza que pudo hasta el grado de que cuando interpretó la última terminó con la voz casi enronquecida; cuando Log se dio cuenta de ello, tomo el equipo de comunicación y le dijo a su población:
         -Nuestro salvador se encuentra cansado; esperamos que esta actuación haya ayudado a todos y todas de tal manera que los siguientes días comencemos a ver resultados acerca de nuestra “enfermedad”. Sigan adelante con sus labores para la siguiente actuación-.
         Alec sintió como una aguda espina de preocupación se anidaba en su corazón, por lo que le preguntó a Log con una voz insegura:
         -¿A qué te refieres con “la próxima actuación”?-.
         El líder alienígena, recuperando la frialdad característica de los habitantes del planeta Kamal, simplemente dijo:
         -Bueno, como toda medicina, se debe repetir la dosis periódicamente; incluso, esperamos que los nuevos habitantes de nuestro mundo que nazcan, crezcan recibiendo tu terapia, por lo que necesitas seguir cantando-.
         El músico terrícola entonces sí dejo que su temor se apoderara de él y dijo angustiado:
         -¿Entonces me trajeron para que me quede aquí para siempre?-.
         Log dijo con un tono indiferente:
         -“Siempre” es un concepto que ustedes los humanos utilizan a la ligera ya que no existe el siempre ni el jamás; simplemente estarás aquí hasta que tu ciclo de vida termine-.
         Alec exclamó desesperado:
         -¡Pero yo no pertenezco aquí! ¿Serían capaces de retenerme contra mi voluntad y explotarme como si fuera una simple herramienta?-.
         Y añadió enfurecido:
         -¿Y así dicen que son una especie más evolucionada como la mía?-.
         El extraterrestre dijo tranquilamente:
         -Esto es simplemente el costo de sacrificio; se elige el bienestar de la mayoría en perjuicio de la minoría-.
         Y añadió:
         -Después de todo, no tienes nada que reclamar pues tu raza lo ha hecho siempre; es más, si el destino de los seres humanos estuviera en tus manos, ¿No serías capaz de dar tu vida en beneficio de tus semejantes?-.
         El joven músico dijo débilmente:
         -¡Sí!, pero ustedes no son mis semejantes-.
         Log dijo lúgubremente:
         -A los ojos de Enoch, todo lo que él crea tiene el mismo grado de importancia-.
         Alec pensó en preguntarle a quien se refería, pero sabía que eso era lo de menos; lo  más trágico era que tenía que quedarse en un planeta ajeno para poder salvar una raza de la cual apenas el día de ayer no tenía idea de que existiera. Pensó en mil maneras de evitar la situación; fingir perder la voz, pretender olvidar las letras de sus canciones e incluso negarse a cantar, pero algo dentro de él le decía que jamás sería capaz de hacer algo así.
         No podía ir en contra de su naturaleza.
         En eso se le ocurrió una idea y le dijo entusiasmado a Log:
         -Oye, ¿Y porque no mejor se quedan con mis grabaciones?-.
         El extraterrestre lo vio con una expresión de ignorancia y contestó:
         -¿A qué te refieres?-.
         Alec contestó apresurado:
         -Sí, traigo mi celular, que es un aparato que puede comunicarme con mis semejantes en la Tierra; ¿Ustedes no graban su historia por medio de imágenes y sonidos?-.
         Log le dijo confundido:
         -Pues no; tenemos una mente tan avanzada que si queremos aprender de nuestra historia, simplemente lo trasmitimos en nuestros centros de educación y nadie lo olvida, así que lo único que tenemos dentro de nuestras máquinas son datos que nos sirven de forma inmediata y lo demás lo trasmitimos mediante la voz; es más, intentamos grabar la música que escuchan en tu planeta, pero nuestras máquinas no alcanzan a grabar los tonos humanos-. Y prosiguió: -Por eso fue que te trajimos-.
         El joven músico se dio cuenta que había dado en el clavo. Era irónico que aunque los habitantes del planeta Kamal fueran mucho más inteligentes que los terrícolas, fuera uno de éstos el que hubiera encontrado la solución a sus problemas.
         Todas las razas pueden aprender de las demás razas, aun cuando no sean tan evolucionadas.
         Sacó su celular donde tenía guardadas todas sus canciones pues lo utilizaba para practicar cuando no estaba de gira; aparte, en la extensa memoria del aparato tenía guardadas más de diez mil canciones de cantantes y grupos musicales que él admiraba.
         Le dijo esperanzado a Log:
         -¿Hay manera de que conectes mi celular a tu sistema de comunicación?-.
         Koro se acercó rápidamente para examinar a fondo el aparato y volteando a ver a Log, le dijo:
         -Si se puede conectar; es más, tomando en cuenta el sistema de alimentación de energía, podemos usar este dispositivo por muchísimo tiempo-.
         El líder alienígena contestó seriamente:
         -Entonces probemos-.
         Koro se dirigió a una de las computadoras maniobrando con el celular de Alec; tardo unos cuantos minutos hasta que volteo y haciéndole un discreto guiño con su extraño ojo verde al joven músico le dijo a su líder:
         -Ya está listo-.
         Oprimió un botón e inmediatamente comenzaron a escucharse las notas de los instrumentos musicales de la primera canción que cantó Alec; en las pantallas todos pudieron contemplar como los habitantes del planeta Kamal inmediatamente se quedaban quietos levantando la mirada al aire, como si fueran perros de presa que han olido el aroma del premio.
         Al octavo compás de la canción todos empezaron a moverse al ritmo de la música, pero a diferencia de cuando Alec canto a capela, en esta ocasión parecía que les hubieran inyectado una enorme dosis de adrenalina, pues llegó un momento en que todos estaban prácticamente bailando.
         En la sala del Control de Mando los mismos encargados de las computadoras se levantaron de sus asientos y empezaron a gritar, mientras brincaban alegremente unos y otros se abrazaban fuertemente; algunos incluso con lágrimas en los ojos.
         Todo frente a la mirada asustada de Log, quien le dijo a Alec:
         -¿Qué es lo que le has provocado a mis súbditos?-.
         El joven dijo confiadamente:
         -Acaban de conocer la felicidad de vivir-.
         El líder extraterrestre volteo a ver como Alaz se acercaba a Koro moviendo las caderas de forma sensual, tal y como lo hacen las hembras de cualquier especie animal; su pareja masculina la tomó de la cintura y la beso suavemente, mientras Log comenzaba a reír desaforadamente.
         -¡Tenías razón terrícola! El efecto de curación se está dando de manera multiplicada-.
         El exitoso músico dijo emocionado:
         -¡Claro! Ahora pueden reproducir canciones cada que ustedes quieran y tengo tantas canciones que necesitarían muchísimo tiempo para volver a repetirlas-.
         El líder del plante Kamal vio con admiración al joven músico y con largas lágrimas que le escurrían por toda su pálida cara, le dijo:
         -Te mandaremos de regreso a tu planeta para que también los terrícolas puedan disfrutar de la alegría que ahora embarga a mis congéneres-.
         El joven sonrió aliviado.

Y así fue como Alec, el músico más exitoso de principios del siglo XXI regresó a su planeta para seguir su triunfal carrera artística; obviamente, no le dijo a nadie acerca de su aventura. No le importaba dar explicaciones ya que sabía que nadie le creería por lo que simplemente declaró que lo habían secuestrado pero que había podido escapar sano y salvo sin enterarse de quienes habían sido sus captores; no faltó quien dijera que todo había sido un truco publicitario para vender sus discos, pero dada la popularidad ganada a pulso por el joven, la mayor parte de la gente defendió sus palabras y con el paso del tiempo el episodio se fue quedando atrás mientras el chico seguía grabando discos y cantando en conciertos con lleno completo.
Claro que se también contribuyo al olvido la nueva noticia que se dio a nivel mundial:
Los celulares de millones de personas comenzaron a desaparecer.